Un matrimonio de provincias

     Un matrimonio de provincias, que a pesar de ser tan breve dio bastante de qué hablar.

Como ya habíamos anunciado, nuestra actividad en verano iba a reducirse para dejarnos tiempo de visitar la playa, coger aviones o barcos y echarnos un poco de menos. Dedicamos julio al pequeño librito de la marquesa Colombi,

     Teresa nos contó que la autora, de nombre real Maria Antonietta Torriani, fue una escritora y maestra italiana bastante conocida en la época (segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX), y una activa feminista que contribuyó a consolidar el movimiento feminista en Milán. Su pseudónimo hace referencia a un personaje hipócrita del dramaturgo Paolo Ferrari, aunque se desconoce el motivo de la elección. En los años setenta su obra fue rescatada por Natalia Ginzburg e Italo Calvino, precisamente gracias a esta novela; de esto dan habida cuenta tanto el prefacio que hace Cristina Grande en la edición de Contraseña, como el posfacio que escribe la propia Ginzburg.

     Esta novela, descrita como una obra maestra de la literatura italiana del siglo XIX, no es emocionante ni densa. Su ritmo y prosa es exquisito, pero absolutamente sobrio. Da la impresión de describir cosas superficiales y de detenerse en los detalles más superfluos, lo que provoca en quien la lee una particular y sorda sensación de ahogo. Y lo realmente sorprendente es que ese malestar invisible es realmente lo que quiere contarnos la autora: la evidencia pesada e inevitable de la realidad, que es como un camino diseñado del que no se puede salir. Esa realidad es el tedio pequeñoburgués, y especialmente, el matrimonio, presentado como el aburrimiento más absoluto para el que no cabe rebeldía posible.

     Entonces, volviendo la vista atrás, todos los detalles adquieren una renovada importancia. La descripción de los escenarios (la luz, los objetos, la disposición de los muebles) es utilizado para desarrollar el espacio en grados de claustrofobia. Los personajes no son buenos ni malos; más bien, podrían definirse como vulgares, absurdamente simples, rodeados de una cotidianeidad y unas particularidades que les acercan a todos los seres humanos y cuyos intentos por sobrevivir se nos antojan vanos, débiles. No hay escapatoria de la realidad que les toca vivir. La educación de las niñas es excéntrica debido a la viudedad del padre, que las instruye fuera de la formación tradicional de las mujeres. Los hábitos adquiridos con él, más que elementos positivos para ellas, tienen que ver con el ensimismamiento del viudo dolorido y con una escasa empatía hacia las niñas, probablemente debido a su formación como hombre, y a pesar de disfrutar de su compañía, sus costumbres las hacen desgraciadas. Como contrapunto, la madrasta encarna la racionalidad y toma el mando de la casa, decidida a ofrecerles a las hijastras una vida digna. Esta dignidad social sólo puede alcanzarse mediante el matrimonio; por eso, la figura de la tía es un fantasma del fracaso.

      Con todo, el matrimonio es el eje fundamental de la obra, en el que gira la vida de Denza y que justifica su existencia. Su máxima aspiración, desde la perspectiva de su juventud inocente, es el amor. Denza desea amar, y es para ella una oportunidad de reconducir su infortunio y salvarla del tedio de los días:
“Yo, por mi parte, también me sentía enamorada de él, pese a que era un desconocido. Me gustaba estar enamorada y el hecho de tener un enamorado, porque me daba importancia a mis propios ojos. Así pues, podía ser deseada y pedida en matrimonio, como las señoritas elegantes educadas en el internado.
Me había sentido tan humillada por mi grotesca forma de vestir y por nuestras singulares costumbres, que aquel amor me consolaba y me enorgullecía como una rehabilitación.” (p. 51-52)
     Sin embargo, es un miserable destino, puesto que no tiene posibilidad de actuar sobre él. Sólo puede alimentar la fantasía y esperar, o jugar sus fichas con unas reglas que desconoce.

     Les dejo un par de enlaces por si quieren bucear un poco más: una reseña, y una web donde encontrar el resto de sus obras (en italiano). Nos vemos prontito donde siempre. Gracias Cuky, por el magnífico hummus que nos llevaste para pasar la tarde. ¡Necesito esa receta!

     Saludos sorores,

4 comentarios:

siempreconhistorias dijo...

Bella crónica, señorita. Sí que dio para mucho el librito y es que, sin duda, es una obra de calidad excepcional y se retrata la vida de manera abrumadoramente certera.
¡Gracias a Cuky por el hummus! ¡Gracias a todas por estar y ser!

Círculo de Lectura dijo...

Y hubo cosas que se me quedaron en el tintero, señora librera. No lo reflejé suficientemente, pero Carmen había hecho una disección de personajes y ambientes exhaustiva. A ver si tomo notas más rápido. ¡Besos!

Kika Fumero dijo...

Qué buena crónica, Gara, como siempre! Refleja exactamente lo que sentí cuando leí el libro. Yo me quedé hecha polvo al final, con esa sensación de hastío por aquella vida y de vacío. Ojalá hubiera podido estar entre ustedes! Me da que hasta septiembre no podré compartir una tarde en su compañía. Un abrazo grande para todas y espero ansiosa la siguiente crónica :-)

Círculo de Lectura dijo...

Gracias Kika =). A mí me ocurrió que no le presté la suficiente atención hasta que discutimos el libro en la reunión, porque entonces me di cuenta del peso real de su contenido. Lo que es indiscutible, en cualquier caso, es que su estilo es exquisito.
Te echaremos de menos. Hoy había pensado llevar una limonada...
¡Besos!

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