Querido Diego, te abraza Quiela, Elena Poniatowska.

"En el estudio todo ha quedado igual, querido Diego, tus pinceles se yerguen en el vaso, muy limpios, como a ti te gusta. Atesoro hasta el más mínimo papel en que has trazado una línea." (p. 9)

En Querido Diego, te abraza Quiela encontramos la correspondencia novelada entre Angelina Beloff y Diego Rivera-primera esposa de éste, quien la apodaba 'Quiela'-. En el Encuentro con Enrique Redel, editor de Impedimenta, hemos podido acceder a datos más que jugosos sobre este libro, a saber: en 1970, la autora, Elena Poniatowska, recibe el encargo de prologar la biografía de Lupe Martín, que era considerada la primera mujer de Rivera. Mientras recababa información para acometer dicho encargo, da con "La fabulosa vida de Diego Rivera", de  Bertram Wolf, y es ahí donde descubre a Angelina Beloff, quedando fascinada por ella. A raíz de este descubrimiento, Elena Poniatowska escribe "Querido Diego, te abraza Quiela".

¿Con qué propósito? se barajan varios, o todos: poner en 'evidencia' a Diego Rivera -las cartas muestran a un ser despótico, frío, indiferente e incluso con actitudes violentas-, visibilizar a Angelina Beloff -prácticamente desconocida- o a modo de denuncia, pero, ¿denuncia de qué exactamente? pues entendemos que de la subordinación consentida de la mujer a favor del hombre y en detrimento de sí misma -y de la sociedad, porque finalmente son mujeres muy valiosas que no desarrollan su potencial en toda su extensión y, por tanto, privan de esa expansión de su talento al mundo-. De ejemplos de dicha subordinación está llena la historia, en todos los campos. Del análisis sobre los motivos de dicha subordinación existen diversas obras de 'obligada' lectura, como por ejemplo "Un cuarto propio", de Virginia Woolf (por supuesto, hay muchas más que, además, pueden señalar en el apartado de mensajes a este post).
" (...) sé que tú eres ya un gran pintor y llegarás a serlo extraordinario, y yo tengo la absoluta conciencia de que no llegaré mucho más lejos de lo que soy." (p. 30)
Pero, ¿qué sabemos de Angelina Beloff? pues sabemos que se inscribió en los Cursos de Estudios Superiores para Mujeres de la Universidad para estudiar medicina pediátrica, a la vez que cursaba estudios nocturnos en una academia de pintura. La pintura era su verdadera vocación, aspecto que se recoge en estas cartas noveladas.
"Comía pensando en cómo lograr las sombras del rostro que acababa de dejar, cenaba a toda velocidad recordando el cuadro en el caballete, cuando había ensayos de encáustica pensaba en el momento en que volvería a abrir la puerta del taller y su familiar y persistente olor a espliego."(p. 42)

"(...) porque yo no vivía sino en función de la pintura; todo lo veía como un dibujo en prospecto, el vuelo de una falda sobre la acera, las rugosas manos de un obrero comiendo cerca de mí, el pan, la botella de vino, los reflejos cobrizos de una cabellera de mujer, las hojas, los ramajes del primer árbol. Yo nunca me detuve a ver un niño en la calle (por ejemplo) por el niño en sí. Lo veía ya como el trazo sobre el papel (...)" (p. 47)
También sabemos que ingresó en la prestigiosa Academia de Bellas Artes de San Petersburgo en 1904. Luego, en 1909, continuó con sus estudios en París (Academia de Humanidades Matisse) y, posteriormente, en la Academia de Anglada Camarasa. De forma simultánea, estudia grabado en madera y en metal*.

¿Puede una mujer con tal iniciativa y talento ser presa de tamaña dependencia afectiva y emocional? Inmersa en este interrogante, un malestar se va fraguando a través de la lectura de esta obra, malestar que es un enfado declarado en toda su intensidad al llegar a la última de sus páginas.

En medio de la lectura de este relato de dependencia desoladora me he visto retrotraída a la metáfora del espejo a la que aludía Virginia Woolf: "reflejar una silueta del hombre al doble de tamaño" (Un cuarto propio, 1929). Además, he vuelto a poner en el torno la idea de cómo nos empequeñecemos, cómo nos cuesta ver a tamaño real nuestro talento, talento que hemos aprendido a poner en duda desde que nacemos, especialmente si nos salimos del 'molde' establecido; un ejercicio de subestimación, incluso sutil, en pequeños detalles.

Encuentro con Enrique Redel, editor de Impedimenta, 
en torno a la obra que nos ocupa, 
en la Librería de Mujeres de Canarias.

Por otra parte, Elena Poniatovska da un soplo de claridad y fuerza a Angelina en un momento determinado de las cartas, cuando pone en la pluma de aquella estas palabras:
"No tengo en qué ocuparme, no me salen los grabados, hoy no quiero ser dulce, tranquila, decente, sumisa, comprensiva, resignada, las cualidades que siempre ponderan los amigos. Tampoco quiero ser maternal; Diego no es un niño grande, Diego solo es un hombre que no escribe porque no me quiere y me ha olvidado por completo." 
Al momento, deja patente su contradicción. Pero ya está hecho, ha colocado un punto de inflexión en ese discurso sumiso y la contradicción contribuye a ponerlo de relieve. Es un breve respiro para quien lee, hay ahí una mirada consciente y voluntaria.
" Las últimas palabras están trazadas con violencia, casi rompen el papel y lloro ante la puerilidad de mi desahogo. ¿Cuándo lo escribí? ¿Ayer? ¿Antier? ¿Anoche? ¿Hace cuatro noches? No lo sé, no lo recuerdo. Pero ahora, Diego, al ver mi desvarío te lo pregunto y es posiblemente la pregunta más grave que he hecho en mi vida: ¿Ya no me quieres, Diego? Me gustaría que me lo dijeras con toda franqueza."( p. 52)
Impedimenta rescata estas cartas noveladas con una cuidada edición -sello distintivo de la editorial-, dando a conocer al gran público a Angelina Beloff -desconocida por todas las personas que participamos en el Encuentro- a la vez que reabriendo un espacio de reflexión. Este amor de Quiela, ¿es amor o sumisión? ¿Amor y dependencia pueden ser sinónimos? Más que un amor sano, lo que vivía Angelina Beloff era un tormento afectivo y un desgaste de su energía vital.

Otra cuestión para la reflexión: la admiración, ¿forma parte del amor? ¿Es necesariamente sumisa la admiración?

Con una visión pedagógica, haciendo una recomendación expresa a los/as docentes, esta lectura sería más que conveniente para proponer al alumnado; con la consiguiente y necesaria reflexión, claro, para que no quede el mensaje en el vacío. 

La maravillosa a la vez que simbólica portada es obra de Christopher Richard Wynne Nevinson, paisajista, grabador y litógrafo británico,  y lleva por título "Un estudio en Montparnasse" (1926). Simbólica en cuanto al contenido del libro: una cortina abierta que desvela la intimidad de un salón, una ventana abierta al mundo o a quien desee observar, doble observación de ventanas. El cuerpo desnudo de la mujer en esa doble observación de las ventanas. Un mostrar deliberado, la desnudez como símbolo de vulnerabilidad pero también de auto-afirmación (aquí estoy, sin ambages). La cabeza inclinada de la mujer, como símbolo de mirada interior. Ventana que se duplica- añadía María Elena- en el cuadro situado delante del sofá. En definitiva, una portada exquisitamente escogida.  Una lectura necesaria. 


*Fuente en la que pueden ampliar la biografía de Angelina B.: Mujeres en el arte.


Isabel Rojas Hernández.
                                                                                                                                            
  • La autora*.
"Elena Poniatowska nació en París en1932. Hija del príncipe Jean Evremont Poniatowski Sperry y de Paula Amor de Ferreira Iturbe, es heredera del título de princesa de Polonia por ser descendiente del rey Estanislao II, último monarca del país. En 1941 llegó a México con su madre huyendo de la segunda guerra mundial." 

"Elena Poniatowska fue enviada a Estados Unidos a estudiar. De nuevo en México, pronto decidió dedicarse al periodismo. Así, en 1953 empezó a trabajar en el diario Excélsior, escribiendo crónicas sociales, y el año siguiente comenzaría su colaboración en el periódico Novedades. 

"Autora de más de cuarenta obras, entre las constantes de su narrativa encontramos la presencia de la mujer y su visión del mundo, la Ciudad de México, los conflictos sociales, la importancia de los derechos humanos, las heroicidades y miserias de la vida cotidiana, la búsqueda de la justicia y la literatura.

Entre los numerosos premios recibidos, destacan el Mazatlán de Literatura (1971); el Nacional de Periodismo de México (1978); el Alfaguara de Novela con la novela La piel del cielo (2001); el Rómulo Gallegos con El tren pasa primero, que tiene como protagonista a un líder sindical ferroviario (2007) y el Biblioteca Breve por su obra Leonora, sobre la vida de la pintora Leonora Carington (2011)." 

En el 2013 recibió el Premio Cervantes 2013



Angelina Beloff y su hijo
Diego Miguel Ángel Rivera Beloff, 1917,
 imagen de autoría desconocida,
incluida en el catálogo Trazos de una vida.


Angelina Beloff.














Exposición de Angelina Beloff. 
Museo Mural Diego Ribera.



Ilustraciones de Angelina Beloff.




Una de las facetas menos conocidas de Angelina Beloff 
es la de titiritera.
Su marioneta: el personaje "Pastillita"

3 comentarios:

María E. Soto dijo...

Muy buen post. Queda además muy enriquecido por la abundancia de magníficas imágenes.

Círculo de Lectura Némirovsky. dijo...

Gracias, María Elena. El enriquecimiento ha sido posible con tu valiosa aportación, por supuesto.

Por cierto, siempre es agradable encontrar aportaciones en este espacio.
Muchos besos.

Ana María - Penélope dijo...

Una amiga me había hablado de este libro. Voy a buscarlo corriendo a la biblioteca, porque su comentario tan bien logrado me recordó esta deuda.
Saludos desde Cali Colombia

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