"Mi vida querida", de Alice Munro.

"La cuestión es ser feliz -dijo Neal-. A toda costa. Inténtalo. Se puede. Y luego cada vez resulta más fácil. No tiene nada que ver con las circunstancias. No te imaginas hasta qué punto funciona. Se aceptan las cosas y la tragedia desaparece. O pesa menos, en cualquier caso, y de pronto descubres que estás en paz con el mundo."
Mi vida querida, diez relatos que transcurren como transcurre la vida: con naturalidad. Fragmentos de vida. Como si la autora se asomara a una existencia cualquiera, abre una ventana -sí, una ventana, por aquello de que las ventanas dan al exterior, pero también las hay interiores; ventana como sinónimo de asomarse a-, la abre, observa, escucha. La vuelve a cerrar. Y así una y otra vez. La cierra portando ya la esencia del relato. Esa es la sensación que se tiene a lo largo de estas páginas. 

Relatos ubicados en Canadá y muchos de ellos con la Segunda Guerra Mundial como telón de fondo o como motas de pintura que el pincel va dejando caer aquí y allá mientras despliega colores sobre el tapiz (Alice Munro nació en 1931 y con toda seguridad la guerra es una experiencia muy presente). 
"Que todo saltara por los aires de repente: la igualdad -tengo que decirlo-, la igualdad entre gente como yo y peor que yo y gente como ellos.  
Evidentemente esa sensación desapareció a medida que me acostumbré a ver cosas en el curso de la guerra." (p. 149, Orgullo)  

Relatos cálidos, emotivos, dramáticos, cotidianos. Narrados con una habilidad que envuelve al lector, a la lectora. ¿Cómo lo hace? Ese caminar en la escritura y llevarte hasta donde ella desea.

"Claro que todo el mundo sospechaba algo. Las enfermeras mayores de pronto fueron cordiales conmigo, e incluso la jefa procuraba esbozar una sonrisa cuando me veía. Empecé a acicalarme modestamente, sin apenas proponérmelo. Solía quedarme absorta, en un gesto aterciopelado, con la mirada baja. La verdad es que no se me ocurrió pensar que esas mujeres curtidas por la edad aguardaban a ver el giro de aquella relación íntima, y que no dudarían en poner el grito en el cielo si el doctor decidía abandonarme." (p. 65, Amundsen). 

Historias sin cierre. Ocurren, eso es todo. Como si a Alice Munro no le preocupara el desenlace sino la historia en sí misma. Tampoco el lector, la lectora, que se aproxima a esas historias de lo cotidiano, pone finalmente importancia al desenlace, atrapado/a en la dulce red del relato que la autora ha sabido tejer con esmero.

Los cuatro últimos, según la autora: "Forman una unidad distinta, que es autobiográfica de sentimiento, aunque a veces no llegue a serlo del todo. Creo que es lo primero y lo último -y lo más íntimo- de cuanto tengo que decir sobre mi propia vida." (p. 269)

Algunos fragmentos de estos últimos relatos autobiográficos me han recordado un pensamiento que escribí no hace mucho, a saber: recordamos, de nuestra infancia, más nítidamente las emociones que los hechos. 

"No era que mi madre me impusiera realmente lo que tenía que sentir. Era una autoridad sin necesidad de cuestionar nada. No solo con el hermanito, sino también en el caso de los cereales Red River, que eran sanos y debían gustarme. O en cómo interpretar la imagen que colgaba al pie de mi cama, donde se veía a un sufrido Jesús dejando que los niños se acercaran a él." ( p. 272, El ojo)
"No volví a casa la última vez que mi madre cayó enferma, ni para su funeral. Tenía dos hijos pequeños, y a nadie en Vancouver con quien dejarlos. No estábamos para gastar dinero en viajes, y mi marido despreciaba las formalidades. Aunque, ¿por qué achacarlo a él, de todos modos? Yo sentía lo mismo. Solemos decir que hay cosas que no se pueden perdonar, o que nunca podremos perdonarnos. Y sin embargo lo hacemos, lo hacemos a todas horas." (p. 333)
Una travesía, por tanto, envolvente; una autora altamente recomendable.

Isabel Rojas.

  • La autora. 
Alice Munro nació en 1931 en Wingham (Ontario), localidad en la que su padre tenía una granja de zorros plateados (en el relato Vida querida rescata alguno de estos recuerdos). Estudió con beca en la Universidad de Western Ontario -donde se licenció- y publicaba historias cortas en una revista estudiantil y fue ahí, en ese momento, donde se inicia en el mundo de los relatos tras publicar 'Las dimensiones de una sombra' (1950). Cuando acabó su beca en la Universidad, y sin recursos para seguir allí, se casa con James Munro y crean juntos una librería: "Munro's Book". 
"En una entrevista que concedió al New Yorker, la escritora canadiense dijo: "Durante años y años pensé que mis relatos sólo eran tentativas para escribir la Gran Novela, pero descubrí que lo mío eran las narraciones breves". La circunstancia doméstica que la llevó a ajustar la extensión de sus escritos a la duración de las siestas de sus hijas no le impidió convertirse en una de las más grandes escritoras en lengua inglesa [...], varias veces candidata al Nobel.

"Logró un gran éxito con su primer libro de relatos, "Danza de las sombras felices" (1968), por el que consiguió el Governor General's Literary Award, premio que volvió a ganar con "¿Quién te crees que eres?" (1978) y "El progreso del amor" (1986). Por su segundo libro de relatos, "Vida de chicas y mujeres" (1971), le concedieron el Canadian Bookseller Award. Volvió a Ontario y, tras publicar "Algo que he intentado decirte" (1974), fue nombrada escritora residente en la Universidad de Western, Ontario. The New York Times calificó su libro de relatos "Las lunas de Júpiter" (1985) como uno de los mejores del año."
Es autora de doce colecciones de cuentos y dos novelas. Algunas de sus obras han sido adaptadas al cine.
A lo largo de su carrera ha recibido premios de mucho prestigio, como los ya mencionados, entre ellos el Man Booker International.

[Fuentes: Viaje literario y Busca biografías]





2 comentarios:

Gara dijo...

¿Es una casualidad que la hayan posteado aquí justo antes de que saliera elegida premio Nobel? Podría ser una buena ocasión para hacer repaso de su obra en el Círculo de Lectura. ¡Un beso y gracias por seguir adelante!

Círculo de Lectura Némirovsky. dijo...

Hay quien cree que las casualidades no existen. ;) Opino que sí, que es una buena ocasión para repasar su obra porque, además, Alice Munro nos maravilló por igual a todas las personas asistentes a la tertulia. Gracias por el aporte, Gara. Un beso.

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