"El fantasma de Anna Grom", de Maria Ribakova.

"(...) esa memoria que trata el tiempo y manipula nuestra alma." (p. 48)


Anna Grom, emigrante rusa en Berlín, de origen judío, le escribe cartas a su profesor de lenguas muertas, ¿desde dónde? Desde luego, no desde este lado de la vida. Antes de cruzar, voluntariamente, al mundo de lo incorpóreo, ha escrito una nota que ella misma considera poco afortunada: "Irse no es una salida". 

"No sentí pena ni sorpresa: al parecer, los sentimientos mueren con el cuerpo. Si todavía tuviera la capacidad de alegrarme, lo haría, porque en este nuevo estado te recuerdo y puedo escribirte; leerás mis cartas, si el papel fantasma no se desvanece entre tus dedos, como los restos de un viejo manuscrito." (p. 8) 

Pero, ¿por qué escribe Anna estas cartas? ¿Qué propósito guarda? Como apunta nuestra contertulia, María Elena Soto, "estas cartas pertenecen al reino del deseo", son "cartas escritas desde ninguna parte" (sic). En efecto, estas cartas, escritas a modo de monólogo, son fruto de su imaginación, la fórmula elegida  para hablarnos de su soledad, la soledad de quien emigra. Recordemos que la autora es de origen ruso y cursó sus estudios en Alemania. De modo que estas cartas bien pueden ser un ‘pretexto’ para hablar de las dificultades y la soledad -¿vividas por la autora? ¿observadas? -con la que una persona es recibida en un país que no es el que la ha visto nacer.

Por otra parte, completan el 'perfil' de Anna una, más que segura, infancia desgraciada, de la que encontramos algunas pistas:

“(…) pienso en mi infancia como si se tratara de un pozo tenebroso (…)” (p. 104)

“(…) no había malas notas ni broncas domésticas ni lluvia ni desprecio, nada de lo que ensombrece la vida y hace que se parezca a la muerte.” (p. 130)

”Aquellos días de fiesta adquirí la desagradable costumbre de quemarme los brazos con cigarrillos. Una idea inspirada en recuerdos de infancia (…).” (p. 140)

Una infancia carente de amor -o, al menos, así vivida- que llevó a Anna a buscar amor y aceptación en otras personas como una necesidad, más que como 'complemento'. Posiblemente, esa búsqueda que refleja la autora a través del personaje de Anna sea también una metáfora de la necesidad de ser una ciudadana más en otro país y no estar en constante condición de ‘inmigrante’. 

El amor que Anna se debía a sí misma se lo entregaba a otras personas (hombres, en este caso), a quienes situaba como protagonistas de su vida, desbancándose a sí misma de ese meritorio y justo puesto.

Esta cuestión me retrotrae a la importancia de vivir una infancia con amor explícito –que no sólo implícito, porque lo que no se expresa corre el riesgo de considerarse inexistente-. Una infancia feliz, amorosa, considerada...en suma, respetuosa, es el mejor regalo que nos pueden dar y que podemos ofrecer. De ahí surge la autonomía, la confianza, la iniciativa...posiblemente lo que le faltó a Anna, nuestra protagonista. Ahora, bien es sabido, que tampoco esto ha de ser determinante y, de hecho, no lo es. Ya nos lo hacía ver esta fabulosa escritora que abordamos en una de las tertulias anteriores, Jeanette Winterson en su obra ¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?. 


El fantasma de Anna Grom bien puede ser, por tanto, como hemos venido diciendo, un relato de invisibilidad. Invisibilidad como metáfora de la dificultad de la condición de persona inmigrante. Es también un relato de soledad debida a -o a consecuencia de- una vida sin sentido, de un divagar sin encontrar tu lugar, la permanente sensación de ser extraña, ajena: la pesadilla de la persona inmigrante, por un lado, y el desamor de la infancia, por el otro.


  • María Ribakova (Moscú, 1973). 


Es nieta del escritor Anatoli Ribakov. A los diecisiete años comenzó a estudiar Filología Clásica en la Universidad de Moscú. Continuó con sus estudios en Alemania y, tras pasar una larga temporada en Berlín, realizó su tesis en la Universidad de Yale. 

El fantasma de Anna Grom es su primera novela, aplaudida por la crítica rusa y alemana. 

  • La música. 
Como saben, solemos atribuir música a cada lectura -salvo excepciones-. Para esta ocasión, he elegido esta maqueta que me ha hecho llegar un amigo, antiguo compañero de instituto y componente de este grupo que comienza su andadura musical. Se trata de un grupo de Barcelona, en formato trío, un proyecto reciente. Cuatro amigos se reúnen, tocan, disfrutan: Claudio Vera (guitarra), Maria-Joy (voz) y Paco Torregrosa Vera (saxo). 

Este tema es de Abbey Lincoln, cantante norteamericana, y se titula "Throw it away", que viene a significar algo así como 'dejar de lado algo que no sirve ya'. https://soundcloud.com/mari-joy-1/throw-it-away#play


Isabel Rojas Hernández. 


1 comentario:

Círculo de Lectura Némirovsky. dijo...

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